A nosotros los puertorriqueños nos gustan los refranes. Y los refranes son una expresión genuina de sabiduría popular. Nuestros abuelos tal vez no tuvieron la oportunidad que muchos de nosotros y nosotras hemos tenido de alta escolaridad, pero siempre nos decían “el que no coge consejos no llega a viejo.”
El capítulo 15 de Proverbios hoy nos ofrece una serie de consejos en forma de comparación entre hacer lo bueno y lo malo. El consejo principal en estos primeros versículos es sobre la palabra que sale de nuestra boca, y su efecto en los demás.
La respuesta suave aplaca la ira
Pero la palabra áspera hace subir el furor. Hoy en el siglo 21 de grandes avances nos hemos acostumbrado a la palabra áspera, a la palabra hiriente, a los adjetivos del pip, pip, o de las &*^#@. Es más fácil denigrar y humillar que hablar suave y despacio. Cuando alguien tiene una respuesta suave, pausada ante las reacciones de ira, usualmente nos desarman. Como creyentes debemos empezar a practicar la respuesta suave, para compartir la buena noticia y comenzar a aplacar el coraje que arropa nuestra isla. La violencia en todas sus formas es contagiosa, nosotros podemos empezar a transformar las cosas si comenzamos a transformar nuestro vocabulario. Incluyamos la palabra perdón, la palabra lo siento, te amo, gracias, disculpe y otras tantas que aplaquen la ira de los que han perdido la dirección de Dios.
La lengua de los sabios adorna la sabiduría
Pero la boca de los necios dice sandeces. Esta es la cultura de la sabiduría de supermercado y del ciberespacio. Nuestras decisiones, frases, y hasta gestos y modas provienen de lo que trae el momento. A veces hablamos sin pensar, en Bayamón le decimos a eso, que disparan de la vaqueta. Y hay ocasiones donde debemos pensar antes de hablar. Tal vez por eso Jesús se tomó su tiempo cuando le trajeron la mujer adúltera para juzgarla. Y como insistieron en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra sobre ella. Jn 8:7. Luego le dijo a la mujer: Mujer, ¿donde están los que te acusan? ¿Ninguno te condenó?... Ni yo te condeno, vete y no peques más.
La lengua apacible es árbol de vida
Pero la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu. Hay palabras que dan vida y hay palabras que matan. Cuando Dios quiso restaurar a Elías el profeta en medio de su depresión (1Reyes 19), lo hace apareciendo en el silbo apacible. Mientras la gente se mofaba de Jesús en la cruz, el dijo Consumado es, para darnos vida. Cuando le hablamos a nuestros cónyuges, a nuestros padres, a nuestros hijos, como lo hacemos, para herir o para dar vida.
El prudente acepta la corrección
El necio menosprecia el consejo de su padre. La realidad del ser humano es que siempre tiene la razón. Todos y todas tenemos etapas donde pensamos que todo el mundo me aconseja bien menos nuestros padres. Pero es sabio aceptar que no lo sabemos todo, debemos aprender a aceptar la corrección, sobre todo la que viene de parte de nuestros padres y la que viene de parte de Dios.
En la casa del justo hay gran provisión
Pero turbación en las ganancias del malvado. En la época del dinero fácil vemos provisión en la casa del justo y turbación en las ganancias del malvado. Jesús mismo nos enseñó que no hay nada oculto que no salga a la luz. El dinero mal habido nos puede dar un momento de disfrute y una cuenta de banco jugosa, pero tarde o temprano caemos. La provisión en la casa del justo llega: tal vez haya para lo necesario, pero nuestros hijos son muchachos que no dan candela, nuestra familia permanece unida, se puede hacer un desarreglo pequeño para compartir. Y vemos las palabras del salmista cobrar vida: No he visto un justo desamparado, ni su simiente que mendigue pan.
La boca de los sabios siembra sabiduría
No así el corazón de los necios. Un consejo sabio siempre se queda en nuestra mente y escrito en nuestro corazón. Siempre recuerdo el pastor de mi juventud y la mayor parte de mi formación, el Rvdo. Héctor González. En una ocasión me llamó a la oficina y me pidió que le diera clase a los jóvenes de la Iglesia, pero tengo que hacerte esta nota: Aunque tú no quieras, ni lo busques te vas a convertir en un modelo para ellos y van a imitar lo que hagas y digas. Ese es uno de muchos sabios consejos que tengo grabados en mi corazón y que hemos tratado de no olvidar porque siempre hay ojos puestos sobre nosotros.
Conclusión:
Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los buenos y a los malos. La mirada del Señor siempre está sobre nosotros, no es ajeno, a lo que pasamos, ni a lo que vivimos. Dice el salmo 24:1, De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en el habitan.
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