jueves, 16 de agosto de 2012

Un Nuevo Comienzo


Texto Bíblico: 2 Reyes 4:1-7
 
Introducción:
El texto que compartimos esta mañana, nos habla de una mujer casada con un profeta de Dios, que pierde a su esposo y a causa de las deudas está a punto de perder a sus hijos también.  De lo que el texto nos dice parece ser una muerte inesperada, para la que no estaban preparados.  Esa mujer va a reclamarle al profeta Eliseo en medio de su dolor, de su confusión, de su perdida, porque necesitaba experimenta la ayuda del profeta y la presencia de Dios.  Las crisis llegan aún para nosotros y nosotras que somos creyentes.  El dolor toca a todas las puertas de nuestro Puerto Rico del 2012.  Todos los días escuchamos el reclamo de la sociedad a la Iglesia, porque estamos viviendo un momento social fuerte.  Pero en medio de todas nuestras circunstancias Dios nos ofrece alternativas, esperanza y un nuevo comienzo en Cristo.

El momento duro llega
A todos los seres humanos nos pueden llegar momentos de crisis, de tristeza y dificultad.  En nuestro Puerto Rico la economía, la criminalidad y otras situaciones que enfrentamos tocan a la puerta de nuestras familias.  Aún usted y yo que somos gente de Dios nos enfrentamos al desempleo, a la muerte, los divorcios, los diagnósticos médicos y tantas otras cosas que nos hacen olvidarnos de la presencia de Dios en nuestras vidas.  En momentos de tristeza y dificultad nos planteamos igual que la mujer, tú sabes que tu siervo o tu sierva era temeroso de Dios, ¿por qué esto me pasa a mí?  Hay momentos donde surgen muchas preguntas y no encontramos respuestas.  Momentos donde clamamos como Jesús el Salmo 22: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?  Dios mío, clamo de día y no me respondes; y de noche, y no hay reposo para mí.”

Ayuda: En comunidad
Cuando parece no haber respuestas, es el momento de salir a buscar la presencia del Señor.  La viuda del aceite buscó ayuda en Eliseo, quien como consejero espiritual acompañó a esta mujer.  Y la envió a buscar lo que tenía en su hogar y las vasijas en casa de sus vecinos.  Dios nos ha llenado de recursos y en ocasiones pensamos que todas las soluciones a nuestros problemas son sobrenaturales, o las encontramos fuera del hogar.  ¿Qué tienes en casa? ¿Qué Dios ha puesto en tu vida?  Busca la vasija de aceite, busca esa unción fresca que nos da el Espíritu Santo y derrama tu alma y tu corazón a Dios.  Es hora de ser de bendición a otros y otras en medio de la crisis.  Dios está obrando a favor nuestro y nos da una nueva oportunidad para comenzar.

Un Nuevo Comienzo
La viuda del profeta tuvo una experiencia renovada con Dios.  Lo que tenía Dios lo multiplicó, como Jesús multiplicó los panes y los peces.  Cuando se acabaron las vasijas, terminó el aceite y Eliseo le dice: “Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivan de lo que quede.”  Había un nuevo comienzo para esa familia, porque Dios estaba obrando en su hogar.  Cuando ponemos nuestra mirada en Cristo y no en los problemas comenzamos a cambiar el lente.  Dejamos de ver lo que nos destruye y comenzamos a experimentar el acompañamiento de Dios en medio de nuestras circunstancias.  Entonces podemos decir ante el diagnóstico médico: “Basta con que digas la palabra y seré sano/a” (Lucas 7:7b); puedo decirle a la carta de despido: “Y el Señor proveerá mucho más abundantemente de lo que podemos pedir e imaginar”  Puedo enfrentar la crisis financiera y decir como Job: “Jehová dio y Jehová quitó, sea bendito el nombre del Señor.” (Job 1:21b)  Frente a la pérdida saber que el Espíritu nos llena con las palabras de Jesús: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.  No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (Juan 14:27)

Conclusión:
En un Puerto Rico como el que nos ha tocado vivir los sueños, la esperanza y las posibilidades parecen esfumarse.  Los acreedores vienen a buscar nuestra familia y pasarnos la factura de nuestra vida y acciones pasadas.  Pero en nuestra casa y en esta casa hay aceite que fluye. Hoy es día de buscar la vasija de nuestro corazón, de nuestra vida para dejar que Dios obre a favor nuestro.  Hay aceite y no se acaba, hay aceite para el pueblo de Vega Alta, para los barrios, para la costa.  Salgamos juntos a buscar el aceite que Dios provee para traer una buena noticia a este pueblo y a nuestro Puerto Rico.  Celebremos un nuevo comienzo que Dios tiene para este pueblo.

domingo, 5 de agosto de 2012

Transformados


Texto Bíblico: Romanos 12:2

Introducción:
Para ser transformados y tener un nuevo comienzo en la vida, debemos entrar en un proceso de reflexión.  El apóstol Pablo era un experto en este asunto de reflexionar, tanto así que grandes personajes de la vida de la Iglesia fueron impactados por sus escritos.  En el proceso de reflexionar o sentarnos a pasar revista sobre nuestra vida tenemos que incluir a Dios en todo lo que hacemos.  Yo quisiera compartir con ustedes algo que a mí me gusta hacer cuando la familia está en la casa, y eso son brownies.  Los brownies necesitan cuatro ingredientes: la mezcla, un huevo, agua y aceite. (Durante la predicación preparamos la mezcla)  Para que esa mezcla de la cajita se transforme en deliciosos brownies hay que unir todo.  La mezcla como nuestra vida, necesita del agua que salta para vida para ser transformados, la unción del aceite del Espíritu que nos permite tener ese nuevo comienzo que anhelamos todo en la Unidad que Cristo nos da.
Agua que transforma
Cuando Jesús comenzaba su ministerio fue bautizado con agua por Juan el Bautista.  Caminando con los discípulos, Jesús pasó por Samaria y al encontrarse con una mujer de allí, le ofreció del agua que salta para vida.  El agua transformó la vida de la samaritana.  El agua transformó la vida de los 3 mil que fueron bautizados por los apóstoles después que Pedro terminó la predicación de Pentecostés.  El agua, que nos bautiza nos limpia de nuestra vida pasada, nos hace una nueva criatura.  Llegar a la experiencia del bautismo es una que marca nuestra vida y un nuevo comienzo de pacto.  Tal vez hoy es un buen día para reflexionar en entrar a las aguas bautismales que cambian nuestra vida y toda nuestra experiencia de fe.
Espíritu que transforma
Es agua que transforma a nuestro espíritu.  Y el Espíritu Santo tomó el lugar de Jesús una vez el terminó su misión terrenal.  El Espíritu nos consuela, nos levanta, nos enseña y cambia nuestro lamento en baile.  Es el Espíritu que nos cambia nuestra forma de ver las cosas y de vivir.  Es poder afirmar que no tengo que hacer lo que hagan los demás para ser popular.  Ser transformados y transformadas por el poder del Espíritu es ser capaces de ser diferente a todo lo que nos rodea.  Es saber que la transformación comienza cuando le permitimos al Espíritu trabajar, recordando las palabras del apóstol Pablo: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” (Rom 8:26)  Es dejar que el Espíritu Santo quite lo que no agrada a Dios. Que me quite las malas crianzas, que cambie mi vocabulario, mis actitudes.  Es saber que Dios tiene algo nuevo y mejor para mí.
Unidos a un nuevo comienzo
Es que cuando somos transformados en agua y Espíritu comenzamos a tener nuevas experiencias.  Ya no vengo a la Iglesia obligado/a.  Es dejar a Dios que trabaje con mis debilidades y comenzar a caminar en nuevos pasos.  Unidos con Jesús podemos tener un nuevo comienzo.  Jesús le pedía al Padre lo siguiente: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.” (Juan 17:20-21)  Podemos comenzar a sanar las heridas del camino, mejorar la autoestima que otros y otras se han encargado de dañar.  “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2Cor 5:17)  Demos la oportunidad al Espíritu de unir las cosas en nuestras vidas para un nuevo comienzo.
Conclusión:
Cuando comenzamos yo preparé una mezcla para brownies.  Hay para todos y todas los y las jóvenes de la Iglesia.  De igual forma muchachos y muchachas hay una bendición especial para cada uno y cada una de ustedes.  Dios quiere tratos nuevos con ustedes.  Dios quiere que ustedes sean llenos del poder de su Espíritu Santo, que renueven su pacto con agua y Espíritu.  Hoy es un buen día para tomar decisiones, para hacer cambios, para darle un espacio a Dios y ser diferente.  Es el momento de reflexionar y dejar atrás lo que nos duele para tomarnos de la mano con Jesús.  Es un buen día para no conformarnos a nuestra sociedad, sino ser transformados por la renovación de lo que entendemos, para estar seguros de lo que Dios quiere para nosotros que siempre es bueno y mejor.  En nuestras  Hay una unción aquí cayendo sobre ti, cambiándote, llenando tu ser…

miércoles, 1 de agosto de 2012

El Dialogo que nos Une


Texto Bíblico: Efesios 4:1-6

Introducción:
Hace varias semanas mi Abuela Adela cumplió 100 años.  De ella aprendí la fe, a tener temor de Dios y creer en la fidelidad de Dios.  Mientras reflexionaba en Efesios 4, pensaba en los diálogos con abuela y la fe y el Señor siempre han estado presentes.  La Iglesia en ocasiones habla de todo, menos de lo que es importante, que Jesucristo, es el Señor de la Iglesia y que es el mismo ayer, hoy y por la eternidad.  La ola de noticias trágicas que arropan el país, nos está llevando a la incapacidad de comunicarnos con nuestra familia, con la juventud y la niñez, para llevarles la buena noticia que hay en Cristo.  A mí me parece que para que haya dialogo intergeneracional, tenemos que comenzar escuchar, compartir,  conversar y testificar las buenas noticias que hemos recibido.  Pablo, le escribe a la Iglesia en Efeso, para sostener las cosas que nos unen y que son importantes para nosotros y nosotras como creyentes.  El mensaje llegó en forma escrita y atendiendo lo necesario.  Y nosotros estamos escuchando a las generaciones jóvenes o ellos nos están entendiendo.
¿De qué hablamos?
Pablo hace una invitación a que cuidemos el testimonio de ser creyentes.  Por 98 años la Iglesia en Anones ha hablado sobre la buena noticia de Cristo.  Pablo nos invita a guardar la Unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.  Lo que es de Dios nos da paz.  Mientras lo que compartimos en nuestras conversaciones tiene que ver con la unidad del Espíritu, Dios pone paz en nuestros corazones.   Pero cuando las emociones, las luces y lo que los demás opinan van por encima de lo que Dios quiere, se rompe la paz.  Proclamamos que somos un cuerpo, un Espíritu, que es un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos.  Claro que eso nos recuerda el corito que somos uno en Cristo, somos uno, uno solo.  Y puede tener diferentes ritmos, usar diferentes instrumentos, hacer una pantomima, una dramatización y hasta en lenguaje de señas y seguimos siendo Uno en Cristo, Uno Solo
¿Cómo dialogamos?
Cuando dialogamos implica que hay 2 o más personas.  En el Puerto Rico que vivimos, tenemos la costumbre de realizar monólogos.  Cuando oramos, muchas veces hablamos y nos desahogamos, y no le permitimos a Dios hablarnos.  En la Iglesia hablamos, hablamos y queremos que nos escuchen, pero no validamos las ideas de otros.  Solo para pensar, ¿cuándo fue la última vez que escuchamos a nuestros niños, si les gusta la escuela dominical?  La Iglesia tiene que buscar avenidas de dialogo entre todos y todas los y las que formamos el cuerpo de Cristo. 
Dialoguemos pues…
Las celebraciones como los aniversarios, requieren equipos de trabajo para coordinar esfuerzos.  Celebramos la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.  Celebramos que somos un cuerpo, es un Espíritu, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.  Dialoguemos pues, del Gozo que tengo yo en servir a Cristo.  Dialoguemos pues, de la sanidad que recibimos por el toque de Cristo.  Dialoguemos pues, de la esperanza y la provisión que trae Cristo a nuestro hogar.  Dialoguemos y celebremos la diversidad de la Iglesia.  Cantemos y saltemos con nuestros niños y niñas; usemos las bellas artes con nuestros adolescentes y jóvenes; tengamos amor y paciencia con nuestros ancianos, respetemos las opiniones de nuestros contemporáneos.
Conclusión:
Hace unos años que venimos experimentando un fenómeno muy particular en Puerto Rico y en otras partes del mundo que se llama intolerancia.  Cuando los seres humanos perdemos la capacidad del dialogo, de la tolerancia, la paciencia y la paz, comenzamos a demostrar características violentas.  El apóstol Pablo nos hace una invitación especial: “…os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;…  Vamos juntos a la mesa del dialogo de la grandeza de Dios y celebremos y compartamos con otros que somos unos en Cristo.

Dios Ve Nuestro Desierto


Texto Bíblico: Génesis 16:1-14

Introducción:
Posiblemente todos y todas los que estamos aquí en algún momento de nuestra vida
hemos pasado la experiencia de que nos tomen una radiografía.  Y una de las 
razones de tomar una placa es para ver lo que a simple vista nuestro ojo no puede 
ver.  Agar fue al desierto, porque se sentía maltratada, marginada y básicamente su 
ama, Saraí le dio una carta de cesantía.  A los ojos de Abram y Sarai no se veía lo 
que le sucedía a Agar, pero Dios vio el corazón de esta mujer.  Así, ella se fue al
desierto, buscando regresar, llegar a su tierra.  Vemos el desierto como el lugar 
inhóspito, el lugar de mucho calor, parecido a esta semana en Puerto Rico, de poca 
vegetación y nada que ofrecer, pero el desierto es el lugar de encuentro, es el 
camino a la intimidad, es donde nos dejamos ver de Dios. 

Nuestros Desiertos
Lo que conocemos del desierto nos dice que es un lugar de extremos, temperaturas altas durante el día y muy bajas durante la noche.   Posee una flora y una fauna muy particular.  Y lo catalogamos como un lugar inhóspito.  Espiritualmente llamamos desiertos a los momentos difíciles que vivimos en la vida.   Atamos el desierto a que no vemos a Dios en nuestra vida.   Tal vez como Agar, el desierto de nuestra vida sea el maltrato, el abandono, ser extranjero, vivir marginado por todos por el lugar de dónde venimos.   En el desierto hay tormentas, hay momentos duros, pero también hay silencio, hay espacio para caminar y porque no decirlo, también hay oportunidades.   El desierto puede llevarnos a un momento de búsqueda y de encuentro con Dios.

Momento de Encuentro e Intimidad
Agar salió agobiada, los versículos 6 y 7 dicen: “Y como Saraí la afligía, ella huyó de su presencia. Y la halló el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente que está en el camino de Shur.”     Cuando sufrimos maltrato, cuando estamos pasando momentos duros porque estamos desempleados, o hemos sufrido una pérdida significativa buscamos escapar de todo y de todos, aún de Dios.  Es difícil encontrar a Dios cuando lo que estamos viviendo nos dice que no vale la pena, que Dios no está por ninguna parte. Dios se olvidó de mí.  En nuestro desierto Dios sale al encuentro.  El ángel de Jehová se le apareció a Agar, Jesús se le apareció a Pablo en el camino a Damasco.  Jesús se me apareció a mí cuando iba por el desierto de la incertidumbre, de la decepción, del momento triste, y me dijo ven y hablemos.  El desierto dejó de ser inhóspito para ser un lugar íntimo con Dios.  Es la ruta de la provisión de Dios, es el camino a casa, a la tierra que fluye leche y miel, a la casa que restaura.  Es afirmar las palabras de Jesús a los discípulos: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida…” (Juan 14:6)  Es aprender que Dios me ve en el desierto, y yo también puedo verle en el desierto

Dios nos restaura en el desierto
Dios le dio una promesa a Agar, “Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud… He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción.” (16:10-11)  El encuentro con Dios es sanador.  Las huellas del camino nos marcan, nos pesan, nos roban la confianza y hasta nos hacen dudar de Dios.  Pero en medio de lo que puedas estar pasando, ponle el nombre de la situación que sea, Dios ve tu desierto y escucha tu clamor, tu grito de ya no puedo más. Y está aquí para restaurar lo que otros, o tal vez mismo o tu misma rompiste.  Dios nos restaura en el desierto.
 Conclusión:
Hace un tiempo comencé a caminar por un desierto que yo no quería, pero Dios tenía otros planes.  Fue un tiempo duro, difícil y le preguntaba a Dios porque debía pasarlo.  Dios me dijo, camina y pasa el mar.  Le dije, al otro lado está el desierto.  Me dijo, pero hay agua, pan, carne y hasta nube y fuego.  Le dije enséñame a caminar, confiar y ver en el desierto.  Un himno viene a mi mente cada vez que creo que voy a desmayar: Dios, tu eres mi sustento, a mí vida da aliento, tu Espíritu se deja sentir, como el viento; la fuerza que me lleva a luchar contra el tiempo, mi provisión del cielo, el Dios que me desata y que refresca mi alma, al pronunciar tu nombre, la tempestad se calma, Dios…

martes, 29 de mayo de 2012

En el Secreto de Dios


En el Secreto de Dios
 
Texto Bíblico: 2Samuel 19:24-30

Introducción:
Mefi-boset, hijo de Jonatán, nieto de Saúl descubrió que a pesar de sus dificultades era cuidado por Dios.  David al estar en el trono se encargó de protegerlo.  Vemos como acoge a este joven con un impedimento, hecho pedazos por las perdidas familiares desde su niñez, aislado y marginado por la sociedad.  “David añadió: No tengas temor, porque a la verdad yo tendré misericordia contigo por amor de Jonatán, tu padre.  Te devolveré todas las tierras de tu padre Saúl, y tu comerás siempre a mi mesa” (2Sam 9:7)  David hizo sentir a Mefi-boset que era amado y respetado.   Fue un buen modelo de lo que Dios hace en nuestras vidas y de ayuda a restaurar la vida de Mefi-boset.
Modelando el amor de Dios
David modeló lo que había recibido de parte de Dios, su amor y misericordia. Cuando era descartado en todo Dios lo puso en gracia. Era el más pequeño en su casa y cuidaba las ovejas, el profeta y su familia no lo consideraron para que fuese ungido como rey. Saúl lo menospreció cuando decidió enfrentar a Goliat, y más tarde los celos lo hicieron querer matarle. En medio de todos sus malos momentos pudo escribir y vivir, Jehová es mi pastor y nada me faltará… Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. (Sal 23) Por la amistad que les unía y el respeto, Jonatán protegió a David y era ahora momento de proteger a Mefi-boset. Lo invita a comer todos los días en su mesa.  Ahora este hombre marginado comenzaba a ser aceptado, a ser restaurado. Era un proceso diario, donde sentado a la mesa del Rey descubriría el amor de Dios. Cuando nosotros nos sentamos e invitamos a otros a la mesa de la restauración, del perdón de Dios comenzamos a transitar al Secreto de Dios
Estamos en el Secreto de Dios
Para entrar en el Secreto de Dios solo hay que buscarlo. Dios tiene un propósito definido para tu vida y aún desde el vientre de nuestra madre ya nos tenía en su noticia. Dice el Salmo 139:16, y el cual se atribuye a David: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.” Tu vida puede estar enfrentando turbulencia económica, situaciones de salud, problemas matrimoniales o familiares, pero yo quiero afirmarte en algo hoy, todos y todas estamos en el secreto amoroso de Dios. Dios quiere tener un trato especial con nosotros hoy para restaurarnos. Mefi-boset fue traicionado por su siervo, pero fue restaurado por el amor de Dios y de David. Hoy estamos entre los convidados a la mesa de restauración que Dios dispone para nosotros y nosotras.
Conclusión:
Hace 8 años conocí un joven que tenía todo el potencial del mundo, pero no lo sabía.  Se había criado en la calle, aunque vivía con su mamá, era un desertor escolar y de vez en cuando robaba carros.  Decidió irse al ejército para tener algo y encontró un amigo que jugando baloncesto lo llevó a la Iglesia.  Así se bautizó y comenzó un proceso para restaurar su vida.  Un día al despertar en su casa su familia se mudó y lo dejó solo, una nueva familia de la fe le acogió en su casa como un hijo más.  La Iglesia abrió un espacio para alimentar a ese muchacho física, emocional y espiritualmente.  Completó su cuarto año por exámenes libres y caminó a cumplir su sueño profesional, ser enfermero.  La familia que Dios le concedió lo restauró y hoy el tiene su propia familia y trata de crecer.  Este joven como Mefi-boset experimentó el amoroso secreto de Dios que no es una fórmula mágica, si no la vivencia de cada día.  Dios nos invita a entrar en su secreto hoy, ven, entra en Su presencia y vive de día en día el gran amor de Dios.http://soundcloud.com/yolyrodz/en-el-secreto-de-dios

Efectos Secundarios


Efectos Secundarios
 
Texto Bíblico: Génesis 37:4-11

Introducción:
Tal vez a usted le ha pasado lo mismo que a mí.  Hay comerciales sobre algunos medicamentos que después de decirnos que hacen bien para nuestra condición, nos dan una larga lista de efectos secundarios.  De igual forma sucede con algunos productos que compramos.  Los efectos secundarios son la marca que va dejando en nosotros y nosotras el uso prolongado de un medicamento determinado, o la interacción que puede causar con nuestro cuerpo.  De igual forma productos que consumimos o drogas legales o ilegales van causando daño a nuestro cuerpo.
Los patrones de crianza disfuncionales que no se corrigen tienen efectos secundarios.  Las actitudes dañinas van causando daños emocionales, físicos y espirituales, que si no se identifican, serán esclavizantes y tendrán efectos en todos los que nos rodean.  José y sus hermanos sufrieron los efectos secundarios de la crianza que tuvo su padre Jacob y su abuelo Isaac.  Todos fueron marcados y las consecuencias le persiguieron aún después de la muerte de Israel.
Efectos Secundarios
La túnica de la discordia comienza a traer problemas entre José y sus hermanos. La preferencia de Jacob por José comienza a abrir heridas profundas del camino.  El desamor de Jacob por sus mujeres y sus hijos abona a las heridas abiertas. Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente. Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía. Le respondieron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros? Y le aborrecieron aún más a causa de sus sueños y sus palabras. Y sus hermanos le tenían envidia, más su padre meditaba en esto. El odio, la envidia, el dolor comienzan a generar amargura, tanto así que la violencia comienza a manifestarse. Ya no podían hablar pacíficamente, planifican matarlo, hacerlo pasar por muerto y finalmente lo separan de su familia vendiéndolo a los ismaelitas. Los efectos secundarios de las raíces de amargura traen dolor, y violencia y nos hacen querer cobrar la deuda a quién nos marcó.
Cobro de Deudas
Jacob era el preferido de su madre y repitió la conducta aprendida. Mientras José era beneficiario de todos los privilegios y cuidados, los demás comenzaron a anotar sus deudas hacia su padre. Hoy día estamos llenos de anuncios sobre el cobro de deudas y si queremos quitarnos de encima los cobradores. Jacob no sabía que sus hijos le estaban cobrando una deuda pendiente. Las deudas de afecto, de amor, de cuidado que se fueron acumulando, necesitaban ser cobradas. Posiblemente ellos pensaron que sacando del medio al soñador y chota, estarían bien y tendrían el amor de su padre. Nada más lejos de la verdad, cuando no sanamos, seguimos pasando facturas de generación en generación y la deuda es cada vez mayor. Yo no sé cuál es la deuda que estás cobrando, o tal vez la deuda que te están cobrando, hoy yo tengo una buena noticia para ti.
Hay una nueva oportunidad
Tu deuda fue pagada, por que seguir cobrando. Vaya conmigo a Lucas 23:32-34. La cruz hizo la diferencia, allí Cristo dijo: “Padre, perdónalos, porque no sabe lo que hacen.” Lc 23:34. Y no es fácil, Jesús mismo nos advierte: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengan paz.  En el mundo tendrán aflicción; pero confíen que yo he vencido al mundo.” Jn 16:33. Tal vez por eso nos enseñó en el Padre Nuestro: “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.” Mt 6:12. Cristo nos ofrece una nueva oportunidad para eliminar los efectos secundarios de la amargura. Muchas veces atribuimos a plantas el sanarnos de enfermedades o de efectos secundarios, pegados a Cristo, la vid verdadera, podremos recibir sanidad y una nueva oportunidad.
Conclusión:
Hoy es un día para sanar.  El Señor nos dice, He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo.  No sigas dejando que los estilos maltratantes del pasado te sigan marcando, Jesús nos ha hecho libre.  Tal vez estás cansado o cansada de asumir la responsabilidad por las acciones de otros. O simplemente ya no puedes más con esa conducta no deseada.  Yo te invito a sumergirte en el río del Espíritu para sanar.  Naamán se sumergió en el Jordán y su lepra fue sanada.  Cristo derramó su sangre para cada uno de nosotros y nosotras fuéramos sanados o sanadas. Ven, Sumergete…http://soundcloud.com/yolyrodz/efectos-secundarios

lunes, 6 de febrero de 2012

RECUPERANDO LA ESPERANZA

Texto Bíblico: Marcos 5:21-34

Hace unos días hablaba con varias personas y me preguntaban si ¿Dios ya no hace milagros? Tal vez la Iglesia se olvidó que Dios hace milagros. Esas preguntas se quedaron dando vueltas en mi cabeza y me encontré con Jesús caminando y nos sentamos a hablar. Venía de la barca en medio de la tempestad, afirmando su presencia, se encontró luego con un atormentado y lo hizo libre, pero nos detuvimos a hablar de aquella mujer que recuperó la esperanza en medio de la multitud.

Fama y Fortuna

Jesús venía acompañado de una gran multitud y era buscado por Jairo un alto funcionario. Todos querían acercarse a Jesús para obtener algún beneficio. En una tierra oprimida política, social y económicamente, Jesús era una alternativa para la gente. Todos querían acceso al poder y la oportunidad de conquista y de multitudes que Jesús traía. Era el hombre de la alfombra roja, todos querían estar cerca. Y a veces en la Iglesia queremos los puestos, queremos exhibir nuestros dones y ministerios y olvidamos de donde vienen. Pablo nos enseñó: Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de actividades, pero Dios, que hace todas las cosas en todos es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para el bien de todos. 1Cor 12:4-7

Una oportunidad

Todos querían una oportunidad de acercarse. Dice el texto: Fue, pues, con él, y lo seguía una gran multitud, y lo apretaban. Una mujer que hacía 12 años padecía de flujo de sangre, no tenía posibilidades. Acercarse a Jesús no tenía posibilidades, era imposible. Todo indicaba que no era posible acercarse a Jesús, el que sanaba a la gente e iba de camino a sanar a la hija de Jairo. Aquella mujer se acercó y tocó su mato buscando la oportunidad. ¿Cuántos estarán buscando una oportunidad para acercarse a la Iglesia para buscar a Dios y los estamos excluyendo en la multitud?

Recuperemos la esperanza

Jesús estaba ahí, había una posibilidad de recuperar la esperanza de una nueva vida. La esperanza de la sanidad estaba tan cerca como se decía: Si toco tan solo su manto, seré salva. Tal vez a tu alrededor hay una multitud que no te deja llegar al Maestro. La multitud del desánimo, del diagnóstico médico, del problema familiar, de la violencia que experimentas. Necesitas el toque de Jesús y no encuentras como llegar a la Iglesia. La Iglesia se ha convertido en una multitud que olvidó modelar a Cristo y solo quiere su fama y fortuna. La Iglesia se convirtió en la multitud que cuestiona, ves que te aprietan y dices que alguien me ha tocado

Conclusión:

La Iglesia tiene que recuperar la esperanza de Puerto Rico. Esta Iglesia debe recordar bien al Rvdo. Apolonio Melecio y su poderoso testimonio cuando albergó tuberculosos y el contrajo la enfermedad y ese Jesús que sanó la mujer caminó con Apolonio y lo sanó. Y es el Jesús que va caminando hoy en cada rincón de este barrio, de estas urbanizaciones, de este pueblo y esta tierra nuestra que va repartiendo sanidad de las enfermedades, sanidad del alma, que camina con la gente. Y la Iglesia no hace milagro, pero Cristo cabeza de la Iglesia sigue haciendo milagros. Hoy yo vine a buscar mi milagro, ¿y tú?

En la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Espinosa, Dorado

jueves, 2 de febrero de 2012

Caminando hacia la bendición

Texto Bíblico: Éxodo 15:1-2, 22-26

Los primeros 14 capítulos del libro de Éxodo nos relatan la historia del pueblo de Israel que Dios hace crecer en Egipto y se convierte en esclavo. Un pueblo que pierde sus privilegios y su libertad, que clama a Dios y es escuchado y al que Dios le da libertad con hechos portentosos, en nuestro tiempo parecería una película con tremendos efectos especiales. Acababan de presenciar milagro tras milagro en su vida y por eso este capítulo 15 comienza con un cántico para adorar a Dios, por lo que ha hecho.

Mar Abierto

Cuando llegan frente al mar se sienten atrapados y comienzan a protestar. Moisés les advierte: “No teman; estén firmes y vean la salvación que Jehová nos da hoy, porque los egipcios que hoy ves, no los volverán a ver nunca más. Jehová peleará por nosotros y nosotros estaremos tranquilos.” (Ex 14:13) Dios abrió el mar Rojo para que el pueblo pasara en seco al otro lado. Separa a su pueblo que va a pie de los que vienen a caballo y con carros. Aún así hay dudas, temores e incertidumbre. Dios les promete libertad, una tierra que fluye leche y miel, próspera y he aquí, están frente al mar con un ejército persiguiéndolos, sin alternativas. Dios abre el mar, y ahoga a los que los persiguen. Es tiempo de cantar y dar crédito a Dios por sus obras, Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; Ha echado en el mar al caballo y al jinete. Jehová es mi fortaleza y mi cántico, Y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré.

Desierto y Murmuración

Cuantas veces, Dios nos abre puertas, y vemos los obstáculos antes que la puerta y la promesa de Dios sobre nuestra vida. Primero vieron el Mar inmenso que los atrapaba contra los egipcios. Luego ven el desierto y después se encuentran con las aguas amargas. Cuando la respuesta no es como la esperamos nos levantamos para protestar contra Dios y sus mensajeros. Estamos mirando que salimos de nuestras comodidades, para hacernos parte de los proyectos y sueños de Dios, pero los queremos a nuestra manera. El desierto trae obstáculos, inseguridades, momentos amargos, pero Dios va al desierto con nosotros y nosotras. En ocasiones preferimos la seguridad que nos da la esclavitud a la incertidumbre da la promesa de Dios

Promesa de Dios

Dios prometió libertad, y salieron de Egipto. Dios prometió protección y los cubrió con la nube de día y la columna de fuego. Dios prometió que preservaría sus vidas y echó a faraón y su ejército a la mar y fueron muertos. Dios endulzó las aguas, más adelante dio pan, codornices y todo lo que su pueblo necesitó y más. Dios cumplió cada una de sus promesas en su tiempo

Conclusión:

Acompáñame, cierra por un momento tus ojos. Has estado clamando a Dios y te sientes que estas frente al mar, peor aún, en el desierto sin agua. Hay razón para murmurar contra Dios y todo lo que venga de El. Tal vez piensas que estabas mejor en la esclavitud de servir a los hombres que a Dios. Hoy es día de caminar hacia tu bendición. Habrá obstáculos como el mar, habrá dificultades e incomodidad como en el desierto, pero Dios es tu sanador. “Jehová es mi fortaleza y mi cántico. Ha sido mi salvación. Este es el Dios de mi padre a quién yo enalteceré.” Es Jesús quién caminó a la cruz que te toma de la mano para juntos caminar hacia nuestra bendición.

Dios tú suples lo que yo no tengo: Gracia y unción. Bendice a tu pueblo