jueves, 16 de agosto de 2012

Un Nuevo Comienzo


Texto Bíblico: 2 Reyes 4:1-7
 
Introducción:
El texto que compartimos esta mañana, nos habla de una mujer casada con un profeta de Dios, que pierde a su esposo y a causa de las deudas está a punto de perder a sus hijos también.  De lo que el texto nos dice parece ser una muerte inesperada, para la que no estaban preparados.  Esa mujer va a reclamarle al profeta Eliseo en medio de su dolor, de su confusión, de su perdida, porque necesitaba experimenta la ayuda del profeta y la presencia de Dios.  Las crisis llegan aún para nosotros y nosotras que somos creyentes.  El dolor toca a todas las puertas de nuestro Puerto Rico del 2012.  Todos los días escuchamos el reclamo de la sociedad a la Iglesia, porque estamos viviendo un momento social fuerte.  Pero en medio de todas nuestras circunstancias Dios nos ofrece alternativas, esperanza y un nuevo comienzo en Cristo.

El momento duro llega
A todos los seres humanos nos pueden llegar momentos de crisis, de tristeza y dificultad.  En nuestro Puerto Rico la economía, la criminalidad y otras situaciones que enfrentamos tocan a la puerta de nuestras familias.  Aún usted y yo que somos gente de Dios nos enfrentamos al desempleo, a la muerte, los divorcios, los diagnósticos médicos y tantas otras cosas que nos hacen olvidarnos de la presencia de Dios en nuestras vidas.  En momentos de tristeza y dificultad nos planteamos igual que la mujer, tú sabes que tu siervo o tu sierva era temeroso de Dios, ¿por qué esto me pasa a mí?  Hay momentos donde surgen muchas preguntas y no encontramos respuestas.  Momentos donde clamamos como Jesús el Salmo 22: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?  Dios mío, clamo de día y no me respondes; y de noche, y no hay reposo para mí.”

Ayuda: En comunidad
Cuando parece no haber respuestas, es el momento de salir a buscar la presencia del Señor.  La viuda del aceite buscó ayuda en Eliseo, quien como consejero espiritual acompañó a esta mujer.  Y la envió a buscar lo que tenía en su hogar y las vasijas en casa de sus vecinos.  Dios nos ha llenado de recursos y en ocasiones pensamos que todas las soluciones a nuestros problemas son sobrenaturales, o las encontramos fuera del hogar.  ¿Qué tienes en casa? ¿Qué Dios ha puesto en tu vida?  Busca la vasija de aceite, busca esa unción fresca que nos da el Espíritu Santo y derrama tu alma y tu corazón a Dios.  Es hora de ser de bendición a otros y otras en medio de la crisis.  Dios está obrando a favor nuestro y nos da una nueva oportunidad para comenzar.

Un Nuevo Comienzo
La viuda del profeta tuvo una experiencia renovada con Dios.  Lo que tenía Dios lo multiplicó, como Jesús multiplicó los panes y los peces.  Cuando se acabaron las vasijas, terminó el aceite y Eliseo le dice: “Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivan de lo que quede.”  Había un nuevo comienzo para esa familia, porque Dios estaba obrando en su hogar.  Cuando ponemos nuestra mirada en Cristo y no en los problemas comenzamos a cambiar el lente.  Dejamos de ver lo que nos destruye y comenzamos a experimentar el acompañamiento de Dios en medio de nuestras circunstancias.  Entonces podemos decir ante el diagnóstico médico: “Basta con que digas la palabra y seré sano/a” (Lucas 7:7b); puedo decirle a la carta de despido: “Y el Señor proveerá mucho más abundantemente de lo que podemos pedir e imaginar”  Puedo enfrentar la crisis financiera y decir como Job: “Jehová dio y Jehová quitó, sea bendito el nombre del Señor.” (Job 1:21b)  Frente a la pérdida saber que el Espíritu nos llena con las palabras de Jesús: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.  No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (Juan 14:27)

Conclusión:
En un Puerto Rico como el que nos ha tocado vivir los sueños, la esperanza y las posibilidades parecen esfumarse.  Los acreedores vienen a buscar nuestra familia y pasarnos la factura de nuestra vida y acciones pasadas.  Pero en nuestra casa y en esta casa hay aceite que fluye. Hoy es día de buscar la vasija de nuestro corazón, de nuestra vida para dejar que Dios obre a favor nuestro.  Hay aceite y no se acaba, hay aceite para el pueblo de Vega Alta, para los barrios, para la costa.  Salgamos juntos a buscar el aceite que Dios provee para traer una buena noticia a este pueblo y a nuestro Puerto Rico.  Celebremos un nuevo comienzo que Dios tiene para este pueblo.

domingo, 5 de agosto de 2012

Transformados


Texto Bíblico: Romanos 12:2

Introducción:
Para ser transformados y tener un nuevo comienzo en la vida, debemos entrar en un proceso de reflexión.  El apóstol Pablo era un experto en este asunto de reflexionar, tanto así que grandes personajes de la vida de la Iglesia fueron impactados por sus escritos.  En el proceso de reflexionar o sentarnos a pasar revista sobre nuestra vida tenemos que incluir a Dios en todo lo que hacemos.  Yo quisiera compartir con ustedes algo que a mí me gusta hacer cuando la familia está en la casa, y eso son brownies.  Los brownies necesitan cuatro ingredientes: la mezcla, un huevo, agua y aceite. (Durante la predicación preparamos la mezcla)  Para que esa mezcla de la cajita se transforme en deliciosos brownies hay que unir todo.  La mezcla como nuestra vida, necesita del agua que salta para vida para ser transformados, la unción del aceite del Espíritu que nos permite tener ese nuevo comienzo que anhelamos todo en la Unidad que Cristo nos da.
Agua que transforma
Cuando Jesús comenzaba su ministerio fue bautizado con agua por Juan el Bautista.  Caminando con los discípulos, Jesús pasó por Samaria y al encontrarse con una mujer de allí, le ofreció del agua que salta para vida.  El agua transformó la vida de la samaritana.  El agua transformó la vida de los 3 mil que fueron bautizados por los apóstoles después que Pedro terminó la predicación de Pentecostés.  El agua, que nos bautiza nos limpia de nuestra vida pasada, nos hace una nueva criatura.  Llegar a la experiencia del bautismo es una que marca nuestra vida y un nuevo comienzo de pacto.  Tal vez hoy es un buen día para reflexionar en entrar a las aguas bautismales que cambian nuestra vida y toda nuestra experiencia de fe.
Espíritu que transforma
Es agua que transforma a nuestro espíritu.  Y el Espíritu Santo tomó el lugar de Jesús una vez el terminó su misión terrenal.  El Espíritu nos consuela, nos levanta, nos enseña y cambia nuestro lamento en baile.  Es el Espíritu que nos cambia nuestra forma de ver las cosas y de vivir.  Es poder afirmar que no tengo que hacer lo que hagan los demás para ser popular.  Ser transformados y transformadas por el poder del Espíritu es ser capaces de ser diferente a todo lo que nos rodea.  Es saber que la transformación comienza cuando le permitimos al Espíritu trabajar, recordando las palabras del apóstol Pablo: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” (Rom 8:26)  Es dejar que el Espíritu Santo quite lo que no agrada a Dios. Que me quite las malas crianzas, que cambie mi vocabulario, mis actitudes.  Es saber que Dios tiene algo nuevo y mejor para mí.
Unidos a un nuevo comienzo
Es que cuando somos transformados en agua y Espíritu comenzamos a tener nuevas experiencias.  Ya no vengo a la Iglesia obligado/a.  Es dejar a Dios que trabaje con mis debilidades y comenzar a caminar en nuevos pasos.  Unidos con Jesús podemos tener un nuevo comienzo.  Jesús le pedía al Padre lo siguiente: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.” (Juan 17:20-21)  Podemos comenzar a sanar las heridas del camino, mejorar la autoestima que otros y otras se han encargado de dañar.  “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2Cor 5:17)  Demos la oportunidad al Espíritu de unir las cosas en nuestras vidas para un nuevo comienzo.
Conclusión:
Cuando comenzamos yo preparé una mezcla para brownies.  Hay para todos y todas los y las jóvenes de la Iglesia.  De igual forma muchachos y muchachas hay una bendición especial para cada uno y cada una de ustedes.  Dios quiere tratos nuevos con ustedes.  Dios quiere que ustedes sean llenos del poder de su Espíritu Santo, que renueven su pacto con agua y Espíritu.  Hoy es un buen día para tomar decisiones, para hacer cambios, para darle un espacio a Dios y ser diferente.  Es el momento de reflexionar y dejar atrás lo que nos duele para tomarnos de la mano con Jesús.  Es un buen día para no conformarnos a nuestra sociedad, sino ser transformados por la renovación de lo que entendemos, para estar seguros de lo que Dios quiere para nosotros que siempre es bueno y mejor.  En nuestras  Hay una unción aquí cayendo sobre ti, cambiándote, llenando tu ser…

miércoles, 1 de agosto de 2012

El Dialogo que nos Une


Texto Bíblico: Efesios 4:1-6

Introducción:
Hace varias semanas mi Abuela Adela cumplió 100 años.  De ella aprendí la fe, a tener temor de Dios y creer en la fidelidad de Dios.  Mientras reflexionaba en Efesios 4, pensaba en los diálogos con abuela y la fe y el Señor siempre han estado presentes.  La Iglesia en ocasiones habla de todo, menos de lo que es importante, que Jesucristo, es el Señor de la Iglesia y que es el mismo ayer, hoy y por la eternidad.  La ola de noticias trágicas que arropan el país, nos está llevando a la incapacidad de comunicarnos con nuestra familia, con la juventud y la niñez, para llevarles la buena noticia que hay en Cristo.  A mí me parece que para que haya dialogo intergeneracional, tenemos que comenzar escuchar, compartir,  conversar y testificar las buenas noticias que hemos recibido.  Pablo, le escribe a la Iglesia en Efeso, para sostener las cosas que nos unen y que son importantes para nosotros y nosotras como creyentes.  El mensaje llegó en forma escrita y atendiendo lo necesario.  Y nosotros estamos escuchando a las generaciones jóvenes o ellos nos están entendiendo.
¿De qué hablamos?
Pablo hace una invitación a que cuidemos el testimonio de ser creyentes.  Por 98 años la Iglesia en Anones ha hablado sobre la buena noticia de Cristo.  Pablo nos invita a guardar la Unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.  Lo que es de Dios nos da paz.  Mientras lo que compartimos en nuestras conversaciones tiene que ver con la unidad del Espíritu, Dios pone paz en nuestros corazones.   Pero cuando las emociones, las luces y lo que los demás opinan van por encima de lo que Dios quiere, se rompe la paz.  Proclamamos que somos un cuerpo, un Espíritu, que es un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos.  Claro que eso nos recuerda el corito que somos uno en Cristo, somos uno, uno solo.  Y puede tener diferentes ritmos, usar diferentes instrumentos, hacer una pantomima, una dramatización y hasta en lenguaje de señas y seguimos siendo Uno en Cristo, Uno Solo
¿Cómo dialogamos?
Cuando dialogamos implica que hay 2 o más personas.  En el Puerto Rico que vivimos, tenemos la costumbre de realizar monólogos.  Cuando oramos, muchas veces hablamos y nos desahogamos, y no le permitimos a Dios hablarnos.  En la Iglesia hablamos, hablamos y queremos que nos escuchen, pero no validamos las ideas de otros.  Solo para pensar, ¿cuándo fue la última vez que escuchamos a nuestros niños, si les gusta la escuela dominical?  La Iglesia tiene que buscar avenidas de dialogo entre todos y todas los y las que formamos el cuerpo de Cristo. 
Dialoguemos pues…
Las celebraciones como los aniversarios, requieren equipos de trabajo para coordinar esfuerzos.  Celebramos la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.  Celebramos que somos un cuerpo, es un Espíritu, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.  Dialoguemos pues, del Gozo que tengo yo en servir a Cristo.  Dialoguemos pues, de la sanidad que recibimos por el toque de Cristo.  Dialoguemos pues, de la esperanza y la provisión que trae Cristo a nuestro hogar.  Dialoguemos y celebremos la diversidad de la Iglesia.  Cantemos y saltemos con nuestros niños y niñas; usemos las bellas artes con nuestros adolescentes y jóvenes; tengamos amor y paciencia con nuestros ancianos, respetemos las opiniones de nuestros contemporáneos.
Conclusión:
Hace unos años que venimos experimentando un fenómeno muy particular en Puerto Rico y en otras partes del mundo que se llama intolerancia.  Cuando los seres humanos perdemos la capacidad del dialogo, de la tolerancia, la paciencia y la paz, comenzamos a demostrar características violentas.  El apóstol Pablo nos hace una invitación especial: “…os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;…  Vamos juntos a la mesa del dialogo de la grandeza de Dios y celebremos y compartamos con otros que somos unos en Cristo.

Dios Ve Nuestro Desierto


Texto Bíblico: Génesis 16:1-14

Introducción:
Posiblemente todos y todas los que estamos aquí en algún momento de nuestra vida
hemos pasado la experiencia de que nos tomen una radiografía.  Y una de las 
razones de tomar una placa es para ver lo que a simple vista nuestro ojo no puede 
ver.  Agar fue al desierto, porque se sentía maltratada, marginada y básicamente su 
ama, Saraí le dio una carta de cesantía.  A los ojos de Abram y Sarai no se veía lo 
que le sucedía a Agar, pero Dios vio el corazón de esta mujer.  Así, ella se fue al
desierto, buscando regresar, llegar a su tierra.  Vemos el desierto como el lugar 
inhóspito, el lugar de mucho calor, parecido a esta semana en Puerto Rico, de poca 
vegetación y nada que ofrecer, pero el desierto es el lugar de encuentro, es el 
camino a la intimidad, es donde nos dejamos ver de Dios. 

Nuestros Desiertos
Lo que conocemos del desierto nos dice que es un lugar de extremos, temperaturas altas durante el día y muy bajas durante la noche.   Posee una flora y una fauna muy particular.  Y lo catalogamos como un lugar inhóspito.  Espiritualmente llamamos desiertos a los momentos difíciles que vivimos en la vida.   Atamos el desierto a que no vemos a Dios en nuestra vida.   Tal vez como Agar, el desierto de nuestra vida sea el maltrato, el abandono, ser extranjero, vivir marginado por todos por el lugar de dónde venimos.   En el desierto hay tormentas, hay momentos duros, pero también hay silencio, hay espacio para caminar y porque no decirlo, también hay oportunidades.   El desierto puede llevarnos a un momento de búsqueda y de encuentro con Dios.

Momento de Encuentro e Intimidad
Agar salió agobiada, los versículos 6 y 7 dicen: “Y como Saraí la afligía, ella huyó de su presencia. Y la halló el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente que está en el camino de Shur.”     Cuando sufrimos maltrato, cuando estamos pasando momentos duros porque estamos desempleados, o hemos sufrido una pérdida significativa buscamos escapar de todo y de todos, aún de Dios.  Es difícil encontrar a Dios cuando lo que estamos viviendo nos dice que no vale la pena, que Dios no está por ninguna parte. Dios se olvidó de mí.  En nuestro desierto Dios sale al encuentro.  El ángel de Jehová se le apareció a Agar, Jesús se le apareció a Pablo en el camino a Damasco.  Jesús se me apareció a mí cuando iba por el desierto de la incertidumbre, de la decepción, del momento triste, y me dijo ven y hablemos.  El desierto dejó de ser inhóspito para ser un lugar íntimo con Dios.  Es la ruta de la provisión de Dios, es el camino a casa, a la tierra que fluye leche y miel, a la casa que restaura.  Es afirmar las palabras de Jesús a los discípulos: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida…” (Juan 14:6)  Es aprender que Dios me ve en el desierto, y yo también puedo verle en el desierto

Dios nos restaura en el desierto
Dios le dio una promesa a Agar, “Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud… He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción.” (16:10-11)  El encuentro con Dios es sanador.  Las huellas del camino nos marcan, nos pesan, nos roban la confianza y hasta nos hacen dudar de Dios.  Pero en medio de lo que puedas estar pasando, ponle el nombre de la situación que sea, Dios ve tu desierto y escucha tu clamor, tu grito de ya no puedo más. Y está aquí para restaurar lo que otros, o tal vez mismo o tu misma rompiste.  Dios nos restaura en el desierto.
 Conclusión:
Hace un tiempo comencé a caminar por un desierto que yo no quería, pero Dios tenía otros planes.  Fue un tiempo duro, difícil y le preguntaba a Dios porque debía pasarlo.  Dios me dijo, camina y pasa el mar.  Le dije, al otro lado está el desierto.  Me dijo, pero hay agua, pan, carne y hasta nube y fuego.  Le dije enséñame a caminar, confiar y ver en el desierto.  Un himno viene a mi mente cada vez que creo que voy a desmayar: Dios, tu eres mi sustento, a mí vida da aliento, tu Espíritu se deja sentir, como el viento; la fuerza que me lleva a luchar contra el tiempo, mi provisión del cielo, el Dios que me desata y que refresca mi alma, al pronunciar tu nombre, la tempestad se calma, Dios…