Durante el mes de enero hemos estado viendo la historia de José. Vendido por sus hermanos a causa de la envidia, solo y hecho esclavo en tierra ajena. Encarcelado injustamente, pero cuidado y prosperado por la mano de Dios, conforme su promesa. Por su historia hoy se estarían peleando por los derechos de autor para una novela, una serie y posiblemente una película con varias partes. En el refranero popular, diríamos que la historia de José es, la no que no hay que por bien no venga. Y esta historia está llegando a su final y a la vez vuelve donde comenzó. Ante la muerte de Jacob, hay tristeza, hay una gran pérdida, y también hay temores y maquinaciones.
El ladrón juzga por su condición
Los hermanos de José estaban muertos de miedo pensando que José tomara venganza ahora que su padre había muerto. Al ver los hermanos de José que su padre había muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos. Ellos crecieron separados, alejados por la distancia y las decisiones que tomaron, y eran extraños unos a otros. Mientras los hermanos de José pensaban en que José se iba a desquitar, José pensaba en reponer el tiempo perdido. Los hermanos se veían muertos y José soñaba con abrazarlos y hacerlos partícipes de lo que Dios había hecho
El miedo embrutece
Durante muchos años se preguntaron qué sería del hermano vendido a los ismaelitas. Y ahora en medio del hambre, de la necesidad y también de la perdida aparece como un fantasma, José. Un refrán popular dice que el miedo embrutece a la gente, y los hermanos de José no encontraban qué hacer. Hay que tramar un nuevo plan:
i. Vamos a decir que nuestro padre suplicó que nos perdonara
ii. Se postraron ante él, reconociendo superioridad en José
iii. Y entregan su libertad: Somos tus esclavos
El sueño por el que vendieron a José, hoy se hacía realidad y ninguno pensó en eso, vamos a Génesis 37: 5-11: 5 Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía. 6 Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado: 7 He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban al mío. 8 Le respondieron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros, o señorearás sobre nosotros? Y le aborrecieron aun más a causa de sus sueños y sus palabras. 9 Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. 10 Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti? 11 Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba en esto. Querían salvar su vida a como dé lugar, pero Dios tenía un propósito mayor
El perdón sana
Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? 20 Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. 21 Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8:28. José vivió momentos difíciles: solo en una ciudad diferente. De ser el mimado de la casa pasó a ser esclavo en la casa del egipcio, pero no se sentó a culpar a los demás de su desgracia. José tomó la opción del perdón, la opción de madurar, la opción de vivir conforme al corazón de Dios. No se sentó a lamentarse, a cogerse pena, o a echarle la culpa al Dios de su padre por lo que había sucedido. José decidió hacerse partícipe del plan de Dios y Dios lo bendijo a él, a su casa y a toda su parentela. El día que salió de su casa comenzó un proceso de transformación en la vida de José y el decidió que sería para bien. No dio espacio para las raíces de amargura, no se llenó de odio y venganza. El amor de Dios lo consoló, lo sanó, lo restauró
Conclusión:
Las experiencias difíciles nos marcan, nos aprisionan y nos llenan muchas veces de dolor y de rabia. Tal vez en tu corazón hay dolor, te sientes abandonado/a, piensas que Dios se olvidó de ti. Hay noticias para ti: Dios está a tu lado. Llamó José al primogénito Manasés, porque dijo: “Dios me hizo olvidar todos mis sufrimientos, y a la casa de mi padre” y al segundo lo llamó Efraín, porque dijo: “Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción”. José había hecho un proceso de sanidad agarrado de la mano de Dios. Por eso le dijo a sus hermanos: No teman, ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? Hoy es la mañana de sanar, de perdonar y de restaurar. “Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo encaminó a bien, …”
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