Desde la Mesa Vemos la Cruz
Texto Bíblico: Lucas 22:7-20
Fecha: 2 de abril 2015
Lugar: ICDC en Guadiana
Ocasión: Jueves Santo
Introducción:
La noche que fue entregado
Jesús se sentó a la mesa con los discípulos.
A través de su ministerio la mesa se volvió un lugar de encuentros,
enseñanza, transformación, perdón y esperanza.
En medio de la celebración de la fiesta más importante de su cultura,
Jesús camina hacia la consumación de su plan de salvación para la
humanidad. La Pascua era la celebración
de cómo Dios libró a Israel de la esclavitud en Egipto y era necesario
sacrificar el cordero pascual y comerlo con el pan sin levadura. Ahora Juan el Bautista nos anuncia, que “he
aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” La mesa pascual llena de emociones nos
prepara para al igual que Jesús mirar a la cruz, con sentido de necesidad. Los cuatro evangelios y el apóstol Pablo nos
relatan lo sucedido esa noche, donde vemos como el testimonio bíblico afirma
los eventos de salvación. El tiempo ha
llegado, es hora de ir al encuentro, no sin antes decirnos, haced esto en
memoria de mí. Generación tras
generación nos hemos sentado a la mesa en memoria de Su amor, de su perdón, de
su gracia, haciendo un nuevo pacto.
A la mesa del
Cordero
“Llegó el día de los panes
sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua.” El cordero que en Egipto
les libró de la muerte de los primogénitos y los sacó a la Tierra Prometida. Ahora ha llegado el
Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, que nos quita la esclavitud
del pecado, la maldad y la mezquindad. Una nueva mesa se dispone,
la mesa del Cordero que trae perdón, amor y esperanza. No dice donde, solo que
era un aposento alto y que todo estaba dispuesto. Porque lo importante era
que aquella mesa cargaba toda nuestra maldad para transformarla en bendición. El plan de Dios comenzó
desde el Génesis, y ahora la mesa es la antesala de la Cruz. “Cuando era la hora, se
sentó a la mesa, y con él los apóstoles.
Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que
padezca!”
En memoria de mí
Jesús sabía lo que
enfrentaba, que después de esa noche, no habría más oportunidad de compartirlo
juntos. La nueva pascua, al igual
que la primera se convierte en la celebración de esperanza. “Esto es mi cuerpo, que
por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.” Desde la mesa el Maestro
nos deja saber que mira a la cruz para darse por nosotros. Desde la mesa se despide
pero nos dice, no olviden lo que sucederá. Desde la mesa nos convoca
a compartir su legado, sus enseñanzas, su mesa, que incluye y no excluye.
Nuevo pacto
Desde la mesa, la cruz nos
invita a nuevo pacto, pacto de sangre derramada por nosotros y nosotras. Un nuevo pacto de amor y
esperanza donde Dios quiere un trato personal. En la mesa se comienza un
nuevo pacto de frente a la cruz, donde se sellará con sangre del nuevo cordero. En la mesa Jesús rodeado
de sus íntimos quiere establecer un nuevo pacto con la humanidad y ellos son
los testigos. La copa que trae
sufrimiento, dolor, carga, tortura, será el nuevo pacto. Ya no hay que presentarse
ante el sacerdote, ahora el Padre mismo nos dio a su Hijo para hacer un nuevo
pacto. Ya no hay judío, ni
griego, ni hombre, ni mujer, ni esclavo ni libre que no esté cobijado por el
nuevo pacto. La sangre de la cruz nos
trae una nueva oportunidad.
Conclusión:
Hoy somos invitados desde
la mesa a mirar la cruz. “Cuando era la
hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con
vosotros esta pascua antes que padezca! Jesús
sabía a lo que se enfrentaba y desde la mesa veía a la cruz, con esperanza, con
amor, con una oportunidad de perdón. Hoy
leía una reflexión que escribía una gran teóloga, profesora y amiga, la Dra.
Agustina Luvis que comparto porque resume la mirada de Jesús desde la mesa
hacia la cruz: “En un día como hoy, la Iglesia conmemora aquella tarde de
despedida, donde Jesús reúne a sus amistades en aquella mesa. El Jesús, acusado
de ser comedor y bebedor, de sentarse con
pecadores/ as, incumpliendo el mandato de la ley de no sentarse en silla de
escarnecedores. Allí comparte la cena
con quien le habría de vender, con quien le habría de negar, con quienes le
abandonarían y con quienes se peleaban por la mejor posición. Esa mesa sigue siendo una oferta de amistad,
y de perdón, sigue siendo una mesa abierta e inclusiva. ¡Es la Mesa de Jesús!
Ese el todo poder de Dios encarnado, ese es el Dios de Jesús. Solo un Dios todopoderoso, puede negarse a ser Dios, despojarse de su divinidad y entrar en la vulnerabilidad humana. ¿Su propósito? Poder entender la naturaleza humana, sus luchas, sus temores, sus debilidades y así caminar junto a nuestra humanidad el camino de la compasión. Porque solamente tiene compasión, quien se coloca en el lugar de quien sufre. Por eso sigue invitando gente a la mesa, porque en esa mesa hay vida, hay reconciliación y hay esperanza.”
Ese el todo poder de Dios encarnado, ese es el Dios de Jesús. Solo un Dios todopoderoso, puede negarse a ser Dios, despojarse de su divinidad y entrar en la vulnerabilidad humana. ¿Su propósito? Poder entender la naturaleza humana, sus luchas, sus temores, sus debilidades y así caminar junto a nuestra humanidad el camino de la compasión. Porque solamente tiene compasión, quien se coloca en el lugar de quien sufre. Por eso sigue invitando gente a la mesa, porque en esa mesa hay vida, hay reconciliación y hay esperanza.”
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