Texto Bíblico: Salmo 27:1-6
El libro de los Salmos es uno de los más conocidos, de los que más porciones memorizamos y es tal vez el libro con el que mayor empatía tenemos. David era un hombre que experimentó toda la gama de emociones. La alegría, la tristeza, el amor, la ira, la traición. Ofreció su lealtad y su vida se vio en peligro en muchas ocasiones. Si alguien conocía las dificultades, el sufrimiento y el peligro, ese era David. Ese joven, el más pequeño entre sus hermanos, fue llamado a ser rey del pueblo escogido por Dios. Luchó contra leones para proteger las ovejas de su padre, venció a Goliat el filisteo con una honda y 5 piedras, tuvo que esconderse de Saúl, porque los celos le hicieron querer matarle. Fue rey de Israel con aciertos y desaciertos, pero era un hombre conforme al corazón de Dios. Ese hombre nos lleva hoy en un testimonio de fe en Dios con cuyo amor, ayuda y poder, podemos vencer en las batallas que trae la vida.
Jehová es mi luz y mi salvación, la fortaleza de mi vida
Dios es la luz que en momentos de oscuridad, de dificultad alumbra nuestra vida. Jesús mismo nos dijo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Dios es nuestro Salvador y libertador, por eso sacó al pueblo de Egipto con portentos y luego envió a Jesús para cumplir el pacto. Cuando afirmamos que el que ilumina nuestro camino y nos salva en medio de nuestro diario vivir, nos hacemos esa misma pregunta, ¿de quién temeré? Hay tantas cosas que nos provocan temores, incertidumbre, que nos hacen alejarnos de Dios, sentir que estamos abandonados a nuestra suerte. Dios es la fortaleza de mi vida, ¿de quién he de atemorizarme? Las fortalezas son lugares seguros, de protección, basta que ir a un paseo por el Viejo San Juan y sus fuertes y lo podemos entender. Dios nos ofrece protección aún en el día malo, en el día de la angustia, nos recoge y nos pone a salvo como la gallina que cuida a sus polluelos.
Cuando se juntaron contra mí…tropezaron y cayeron
El salmista nos cuenta todos los que anda tras de él. Lo buscan los malignos, angustiadores y enemigos. Del árbol caído todos quieren hacer leña, dice el refrán. Todos podemos identificar a los malignos, angustiadores y enemigos, y a todos los que podamos señalar que quieren hacernos daño. Dice el salmista que ante la intervención de Dios tropezaron y cayeron. Los que quieren hacer daño, tarde o temprano se enredan en sus propias mentiras y caen.
Yo estaré confiado y confiada
La vida está llena de situaciones y momentos difíciles, pero la invitación es a estar confiados. Hay momentos donde sentimos ejércitos literales que nos persiguen, que nos atropellan, que acampan contra nosotros y nos declaran la guerra. Y usted puede ponerle nombre a lo que pasa, a ese ejército que le agobia, pero el salmista nos invita a confiar. Y es que en un mundo con tanta “gansería”, no es fácil confiar. Desconfiamos de todo y de todos. En Dios podemos confiar, El es quién hace tropezar y caer a los que nos hacen mal. Ante la presencia de Jehová tiemblan y huyen todos los ejércitos. Es confiar en que Dios lo hará: A veces pensamos que Dios ha dejado de hacer milagros; Que Dios no responde, ni hace cosas extraordinarias; Somos nosotros los que queremos ver sin confiar en lo que Dios va a hacer. Decimos con la boca que lo hará, pero no creemos que sea posible.
Conclusión:
Dios es nuestra fortaleza, pero tenemos que creer y confiar. Para confiar tenemos que conocer a Dios. “Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová y para buscarlo en su templo. El me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto. Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean, y yo sacrificaré en su Tabernáculo sacrificios de júbilo; Cantaré y entonaré alabanzas a Jehová.” (27:4-6) Cuando estamos en la casa de Dios, cuando estamos ante Su presencia podemos cantar y entonar alabanzas al Señor. No importa nuestra circunstancia, la presencia de Dios nos hace adorar y vencer, porque Dios es nuestra fortaleza
No hay comentarios:
Publicar un comentario