Texto Bíblico: Jueces 7:7-15
En otras ocasiones he compartido sobre un objeto que ha sustituido los mapas que se llama GPS. Este objeto electrónico lo colocamos en el carro y nos dirige a donde queramos ir. Primero entramos la dirección y buscamos los datos. Luego programamos el rumbo que hemos de seguir y finalmente llegamos a nuestro destino. Para ser Guiados por el Señor debemos buscar su dirección, programar lo que Dios quiere y celebrar que hemos llegado a donde Dios nos lleva.
Esa es la historia que el texto bíblico nos comparte hoy. Gedeón buscó dirección de Dios, siguió y programó su estrategia conforme Dios le dijo y finalmente adoró al saber que ya Dios le concedería la historia.
Buscando la dirección de Dios
Gedeón fue llamado por Dios y probó a Dios a cerca de su llamado. Era un hombre humilde, que limpiaba el trigo de su familia y se somete a la voluntad de Dios. Con un ejército de 30,000, Dios le dice que son muchos y comienza a reducir este. Para pelear con un ejército grande, numeroso y mejor organizado había que buscar la dirección de Dios. Dios le dice que los que tomen agua lamiendo como los perros esos serán los escogidos. Dicen algunos que esto demostraba que estaban preparados para enfrentar cualquier ataque al venir de esa forma. Dios le dice: “Con estos 300 hombres que lamieron el agua os salvaré y entregaré a los madianitas en tus manos; váyase la demás gente cada uno a su lugar.” Cuando buscamos la dirección de Dios tenemos que afinar el oído en todo tiempo y prepararnos para lo inesperado de Dios. Muchas veces la dirección de Dios no es lo que planeamos o esperamos; Tal vez por eso el profeta Isaías nos relata que Dios nos dice: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isa 55:8-9) Lo inesperado, lo insólito Dios lo hace.
Siguiendo la dirección de Dios
Las instrucciones fueron precisas: solo 300hombres, que llevaran provisiones y sus trompetas y los cántaros que eran antorchas. Lo envía a espiar a Madián y a través del relato de un sueño en el campamento de los enemigos, Dios le asegura a Gedeón la victoria. La victoria no llegaba con grandes ejércitos, ni con armas poderosas, llegaba tocando las trompetas, gritando: ¡Por Jehová y por Gedeón! Y quebrando los cántaros con antorchas en sus manos. La victoria llegaría siguiendo la dirección de Dios. Dios estaba consciente que era fácil atribuirse victorias para Israel, así, que los lleva por la ruta inesperada. Seguir la dirección de Dios implica negarse a sí mismo, “el que quiera seguir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” Seguir la dirección de Dios implica romper mis esquemas para seguir los de Dios. Es entregarnos y aunque el mundo diga que vivimos en una locura podamos, seguir la locura del evangelio de Cristo
Adorando por el obrar de Dios
Al escuchar el sueño y su interpretación Gedeón adora a Dios. Cuando buscamos y seguimos la dirección de Dios solo podemos llegar a lugar seguro. La grandeza de Dios sobre nuestra vida nos invita y nos convoca a adorar. Gedeón sabía que Dios le había dado instrucciones, que Dios le había dado la victoria, que era Dios el merecedor de toda la Gloria. Cuando vemos lo que Dios comienza a hacer muchas veces no lo entendemos, a veces ni siquiera lo aceptamos, pero todo en nuestra vida tiene propósito. El aprender de la Palabra de Dios llena un lugar importante en nuestra vida, para cuando llegue la prueba, la dificultad, la escasez o la enfermedad, podamos adorar. Aún en la dificultad Dios nos lleva de la mano y nos dirige. El Dios que sacó de Egipto su pueblo, que abrió el Mar Rojo y cruzaron en seco, que hizo caer los muros de Jericó, ahora hace caer al pueblo de Madián.
Conclusión:
Al Dios que yo sigo me lleva por caminos y veredas que en ocasiones no comprendo, o no conozco. Dios hace una nueva ruta cada día para nosotros/as porque son nuevas cada mañana sus misericordias. Y aún cuando todos reducen y cancelan nuestras probabilidades, ahí Dios una vez más hace que se turben los problemas, las situaciones difíciles, la noche oscura y vemos su actuar. Por eso levantamos nuestra voz y nuestras manos al cielo y podemos adorar. Levantaos, porque Jehová ha entregado el campamento de lo que te oprime, te carga y te entristece en vuestras manos.
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