Texto Bíblico: Efesios 4:1-6
Introducción:
Hace varias semanas mi Abuela Adela cumplió 100
años. De ella aprendí la fe, a tener
temor de Dios y creer en la fidelidad de Dios.
Mientras reflexionaba en Efesios 4, pensaba en los diálogos con abuela y
la fe y el Señor siempre han estado presentes.
La Iglesia en ocasiones habla de todo, menos de lo que es importante,
que Jesucristo, es el Señor de la Iglesia y que es el mismo ayer, hoy y por la
eternidad. La ola de noticias trágicas
que arropan el país, nos está llevando a la incapacidad de comunicarnos con
nuestra familia, con la juventud y la niñez, para llevarles la buena noticia
que hay en Cristo. A mí me parece que
para que haya dialogo intergeneracional, tenemos que comenzar escuchar,
compartir, conversar y testificar las
buenas noticias que hemos recibido.
Pablo, le escribe a la Iglesia en Efeso, para sostener las cosas que nos
unen y que son importantes para nosotros y nosotras como creyentes. El mensaje llegó en forma escrita y
atendiendo lo necesario. Y nosotros
estamos escuchando a las generaciones jóvenes o ellos nos están entendiendo.
¿De qué hablamos?
Pablo hace una invitación a que cuidemos el
testimonio de ser creyentes. Por 98 años
la Iglesia en Anones ha hablado sobre la buena noticia de Cristo. Pablo nos invita a guardar la Unidad del
Espíritu en el vínculo de la paz. Lo que
es de Dios nos da paz. Mientras lo que
compartimos en nuestras conversaciones tiene que ver con la unidad del
Espíritu, Dios pone paz en nuestros corazones. Pero cuando las emociones, las luces y lo que
los demás opinan van por encima de lo que Dios quiere, se rompe la paz. Proclamamos que somos un cuerpo, un Espíritu,
que es un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos. Claro que eso nos recuerda el corito que
somos uno en Cristo, somos uno, uno solo.
Y puede tener diferentes ritmos, usar diferentes instrumentos, hacer una
pantomima, una dramatización y hasta en lenguaje de señas y seguimos siendo Uno
en Cristo, Uno Solo
¿Cómo dialogamos?
Cuando dialogamos implica que hay 2 o más
personas. En el Puerto Rico que vivimos,
tenemos la costumbre de realizar monólogos.
Cuando oramos, muchas veces hablamos y nos desahogamos, y no le
permitimos a Dios hablarnos. En la
Iglesia hablamos, hablamos y queremos que nos escuchen, pero no validamos las
ideas de otros. Solo para pensar,
¿cuándo fue la última vez que escuchamos a nuestros niños, si les gusta la
escuela dominical? La Iglesia tiene que
buscar avenidas de dialogo entre todos y todas los y las que formamos el cuerpo
de Cristo.
Dialoguemos pues…
Las celebraciones como los aniversarios,
requieren equipos de trabajo para coordinar esfuerzos. Celebramos la unidad del Espíritu en el
vínculo de la paz. Celebramos que somos
un cuerpo, es un Espíritu, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de
todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Dialoguemos pues, del Gozo que tengo yo en
servir a Cristo. Dialoguemos pues, de la
sanidad que recibimos por el toque de Cristo.
Dialoguemos pues, de la esperanza y la provisión que trae Cristo a
nuestro hogar. Dialoguemos y celebremos
la diversidad de la Iglesia. Cantemos y
saltemos con nuestros niños y niñas; usemos las bellas artes con nuestros
adolescentes y jóvenes; tengamos amor y paciencia con nuestros ancianos,
respetemos las opiniones de nuestros contemporáneos.
Conclusión:
Hace unos años que venimos experimentando un fenómeno
muy particular en Puerto Rico y en otras partes del mundo que se llama
intolerancia. Cuando los seres humanos
perdemos la capacidad del dialogo, de la tolerancia, la paciencia y la paz,
comenzamos a demostrar características violentas. El apóstol Pablo nos hace una invitación
especial: “…os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis
llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos
a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo
de la paz;… Vamos juntos a la mesa del
dialogo de la grandeza de Dios y celebremos y compartamos con otros que somos
unos en Cristo.
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