Texto Bíblico: Génesis 16:1-14
Introducción:
Posiblemente todos y todas
los que estamos aquí en algún momento de nuestra vida
hemos pasado la
experiencia de que nos tomen una radiografía.
Y una de las
razones de tomar una placa es para ver lo que a simple vista
nuestro ojo no puede
ver. Agar fue al
desierto, porque se sentía maltratada, marginada y básicamente su
ama, Saraí le
dio una carta de cesantía. A los ojos de
Abram y Sarai no se veía lo
que le sucedía a Agar, pero Dios vio el corazón de
esta mujer. Así, ella se fue al
desierto, buscando regresar, llegar a su tierra. Vemos el desierto como el lugar
inhóspito, el
lugar de mucho calor, parecido a esta semana en Puerto Rico, de poca
vegetación
y nada que ofrecer, pero el desierto es el lugar de encuentro, es el
camino a
la intimidad, es donde nos dejamos ver de Dios.
Nuestros
Desiertos
Lo que conocemos del
desierto nos dice que es un lugar de extremos, temperaturas altas durante el
día y muy bajas durante la noche. Posee una flora y una
fauna muy particular. Y lo catalogamos como un
lugar inhóspito. Espiritualmente llamamos
desiertos a los momentos difíciles que vivimos en la vida. Atamos el desierto a que
no vemos a Dios en nuestra vida. Tal vez como Agar, el
desierto de nuestra vida sea el maltrato, el abandono, ser extranjero, vivir
marginado por todos por el lugar de dónde venimos. En el desierto hay
tormentas, hay momentos duros, pero también hay silencio, hay espacio para
caminar y porque no decirlo, también hay oportunidades. El desierto puede
llevarnos a un momento de búsqueda y de encuentro con Dios.
Momento de
Encuentro e Intimidad
Agar salió agobiada, los
versículos 6 y 7 dicen: “Y como Saraí la afligía, ella
huyó de su presencia. Y la halló el ángel de Jehová junto a una fuente de agua
en el desierto, junto a la fuente que está en el camino de Shur.” Cuando sufrimos maltrato,
cuando estamos pasando momentos duros porque estamos desempleados, o hemos
sufrido una pérdida significativa buscamos escapar de todo y de todos, aún de
Dios. Es difícil encontrar a
Dios cuando lo que estamos viviendo nos dice que no vale la pena, que Dios no
está por ninguna parte. Dios se olvidó de mí. En nuestro desierto Dios
sale al encuentro. El ángel de Jehová se
le apareció a Agar, Jesús se le apareció a Pablo en el camino a Damasco. Jesús se me apareció a mí
cuando iba por el desierto de la incertidumbre, de la decepción, del momento
triste, y me dijo ven y hablemos. El desierto dejó de ser
inhóspito para ser un lugar íntimo con Dios. Es la ruta de la provisión
de Dios, es el camino a casa, a la tierra que fluye leche y miel, a la casa que
restaura. Es afirmar las palabras de
Jesús a los discípulos: “Yo soy el camino, y la verdad
y la vida…” (Juan 14:6) Es aprender que Dios me ve
en el desierto, y yo también puedo verle en el desierto
Dios nos
restaura en el desierto
Dios le dio una promesa a
Agar, “Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá
ser contada a causa de la multitud… He aquí que has concebido, y darás a luz un
hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción.”
(16:10-11) El encuentro con Dios es
sanador. Las huellas del camino nos
marcan, nos pesan, nos roban la confianza y hasta nos hacen dudar de Dios. Pero en medio de lo que
puedas estar pasando, ponle el nombre de la situación que sea, Dios ve tu
desierto y escucha tu clamor, tu grito de ya no puedo más. Y está aquí para restaurar
lo que otros, o tal vez mismo o tu misma rompiste. Dios nos restaura en el
desierto.
Conclusión:
Hace un tiempo comencé a caminar por un desierto
que yo no quería, pero Dios tenía otros planes.
Fue un tiempo duro, difícil y le preguntaba a Dios porque debía
pasarlo. Dios me dijo, camina y pasa el
mar. Le dije, al otro lado está el
desierto. Me dijo, pero hay agua, pan,
carne y hasta nube y fuego. Le dije
enséñame a caminar, confiar y ver en el desierto. Un himno viene a mi mente cada vez que creo
que voy a desmayar: Dios, tu eres mi sustento, a mí vida da aliento, tu
Espíritu se deja sentir, como el viento; la fuerza que me lleva a luchar contra
el tiempo, mi provisión del cielo, el Dios que me desata y que refresca mi
alma, al pronunciar tu nombre, la tempestad se calma, Dios…
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