miércoles, 1 de agosto de 2012

Dios Ve Nuestro Desierto


Texto Bíblico: Génesis 16:1-14

Introducción:
Posiblemente todos y todas los que estamos aquí en algún momento de nuestra vida
hemos pasado la experiencia de que nos tomen una radiografía.  Y una de las 
razones de tomar una placa es para ver lo que a simple vista nuestro ojo no puede 
ver.  Agar fue al desierto, porque se sentía maltratada, marginada y básicamente su 
ama, Saraí le dio una carta de cesantía.  A los ojos de Abram y Sarai no se veía lo 
que le sucedía a Agar, pero Dios vio el corazón de esta mujer.  Así, ella se fue al
desierto, buscando regresar, llegar a su tierra.  Vemos el desierto como el lugar 
inhóspito, el lugar de mucho calor, parecido a esta semana en Puerto Rico, de poca 
vegetación y nada que ofrecer, pero el desierto es el lugar de encuentro, es el 
camino a la intimidad, es donde nos dejamos ver de Dios. 

Nuestros Desiertos
Lo que conocemos del desierto nos dice que es un lugar de extremos, temperaturas altas durante el día y muy bajas durante la noche.   Posee una flora y una fauna muy particular.  Y lo catalogamos como un lugar inhóspito.  Espiritualmente llamamos desiertos a los momentos difíciles que vivimos en la vida.   Atamos el desierto a que no vemos a Dios en nuestra vida.   Tal vez como Agar, el desierto de nuestra vida sea el maltrato, el abandono, ser extranjero, vivir marginado por todos por el lugar de dónde venimos.   En el desierto hay tormentas, hay momentos duros, pero también hay silencio, hay espacio para caminar y porque no decirlo, también hay oportunidades.   El desierto puede llevarnos a un momento de búsqueda y de encuentro con Dios.

Momento de Encuentro e Intimidad
Agar salió agobiada, los versículos 6 y 7 dicen: “Y como Saraí la afligía, ella huyó de su presencia. Y la halló el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente que está en el camino de Shur.”     Cuando sufrimos maltrato, cuando estamos pasando momentos duros porque estamos desempleados, o hemos sufrido una pérdida significativa buscamos escapar de todo y de todos, aún de Dios.  Es difícil encontrar a Dios cuando lo que estamos viviendo nos dice que no vale la pena, que Dios no está por ninguna parte. Dios se olvidó de mí.  En nuestro desierto Dios sale al encuentro.  El ángel de Jehová se le apareció a Agar, Jesús se le apareció a Pablo en el camino a Damasco.  Jesús se me apareció a mí cuando iba por el desierto de la incertidumbre, de la decepción, del momento triste, y me dijo ven y hablemos.  El desierto dejó de ser inhóspito para ser un lugar íntimo con Dios.  Es la ruta de la provisión de Dios, es el camino a casa, a la tierra que fluye leche y miel, a la casa que restaura.  Es afirmar las palabras de Jesús a los discípulos: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida…” (Juan 14:6)  Es aprender que Dios me ve en el desierto, y yo también puedo verle en el desierto

Dios nos restaura en el desierto
Dios le dio una promesa a Agar, “Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud… He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción.” (16:10-11)  El encuentro con Dios es sanador.  Las huellas del camino nos marcan, nos pesan, nos roban la confianza y hasta nos hacen dudar de Dios.  Pero en medio de lo que puedas estar pasando, ponle el nombre de la situación que sea, Dios ve tu desierto y escucha tu clamor, tu grito de ya no puedo más. Y está aquí para restaurar lo que otros, o tal vez mismo o tu misma rompiste.  Dios nos restaura en el desierto.
 Conclusión:
Hace un tiempo comencé a caminar por un desierto que yo no quería, pero Dios tenía otros planes.  Fue un tiempo duro, difícil y le preguntaba a Dios porque debía pasarlo.  Dios me dijo, camina y pasa el mar.  Le dije, al otro lado está el desierto.  Me dijo, pero hay agua, pan, carne y hasta nube y fuego.  Le dije enséñame a caminar, confiar y ver en el desierto.  Un himno viene a mi mente cada vez que creo que voy a desmayar: Dios, tu eres mi sustento, a mí vida da aliento, tu Espíritu se deja sentir, como el viento; la fuerza que me lleva a luchar contra el tiempo, mi provisión del cielo, el Dios que me desata y que refresca mi alma, al pronunciar tu nombre, la tempestad se calma, Dios…

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